PARQUE NACIONAL
Desde tiempos muy antiguos el hombre habitó
estas sierras. La abundancia de comida y agua hicieron posible
que nuestros antepasados se asentaran en estas escarpadas laderas.
Muestras de estos asentamientos son las pinturas rupestres encontradas
en los numerosos abrigos de la sierra y principalmente en la cueva
del Castillo.
Diferentes tribus como celtas o íberos pasaron
por estas tierras y se adaptaron al terreno sin dificultad. Pero
es con la romanización cuando la zona comienza a tener
un nombre y se transforma mínimamente. Son precisamente
los romanos quienes le dan nombre. Llamarán a estas agrestes
sierras Mons-fragorum, clara referencia a la vegetación
y a lo agreste de la sierra. Con la llegada de los musulmanes
se denominará Al-mofrag, algo así como el abismo.
Cierto es que desde lo alto de estas crestas la imagen del río
Tajo, allá abajo, y lo impetuoso de la vegetación
hicieran pensar a los musulmanes que esta zona era lo más
parecido a “el abismo”. A ellos se les atribuye la
construcción de lo que debió ser una imponente fortaleza
en un espolón de la sierra. A nosotros solo nos ha llegado
la torre del homenaje, varios paños de la doble muralla
y una torre semiderruida orientada a naciente.
Es de esta época de la reconquista cristiana
donde nacen numerosas Leyendas en la zona. Las continuas luchas
entre musulmanes y cristianos, y los continuos cambios de posesión
de la fortaleza hasta que se logra asentar en manos cristianas
por Alfonso VIII en 1186, dan de sí para variadas Leyendas
de amores prohibidos, de traiciones, de reencuentros felices,
de muertes en extrañas circunstancias…. Así
se pueden escuchar leyendas como las de la mora Zaída,
la sombra de Gonzálvez, la Serrana de la Vera, el reencuentro
en el arroyo Do la Vi…
En el siglo XV el Obispo de Plasencia Juan de Carvajal
manda construir un puente en la desembocadura del río Tiétar
en el Tajo. Se dice que pagó 30.000 monedas de oro, una
por cada piedra que forman la estructura del puente. Esta obra
significaba un gran adelanto en las comunicaciones entre la ciudad
de Plasencia y Trujillo, aparte de ser la única vía
estable de paso entre Alcántara y Toledo, con lo que se
acentuará el comercio entre ambas ciudades, y esta vía
cobrará gran importancia.
Al amparo del transito de viajeros y mercancías, florecen
en la zona partidas importantes de bandoleros, tanto en las inmediaciones
del puerto de la Serrana, como en las inmediaciones de la Portilla
del Tajo (hoy Salto del Gitano). Por esto Carlos III a finales
del siglo XVIII manda establecer un destacamento militar a medio
camino entre el puerto de la Serrana y el puente del Cardenal,
y de esta forma nace lo que hoy conocemos como Villarreal de San
Carlos.
En el siglo XX se produce en la comarca dos hechos
que marcarán el futuro. Por un lado el río Tajo
se embalsará en grandes presas Torrejón y Alcántara,
lo que producirá un gran cambio en la vegetación
de ribera existente hasta ese momento. Y por otro lado se comienza
la repoblación de eucaliptos en una parte importante de
lo que es hoy Monfragüe, con siembra en bancales y aterrazando
y empobreciendo todo el suelo con este árbol. Debido a
esta masiva siembra, gentes concienciadas con la gran transformación
que esto supone para la zona y del gran perjuicio que ello causará
a la flora y la fauna de Monfragüe inician una campaña
para salvar este reducto de bosque mediterráneo y fruto
de ello, y tras varios años de burocracia por fin el 4
de abril de 1979 Monfragüe es declarado Parque Natural.
En 2003 se le concede a Monfragüe el reconocimiento
de Reserva de la Biosfera, y en marzo de 2007 se publica en el
B.O.E. la declaración de Monfragüe como Parque Nacional.
Con esto Monfragüe es ya el Parque Nacional número
14 en el conjunto de España y obtiene así el mayor
reconocimiento que un espacio natural puede tener.